5Tradición y tecnología

Una corona de harina en espera de los huevos traídos directamente de la granja y el agua ligeramente templada. Después, las manos se encargaban de realizar una primera bola de masa amarilla, redonda y con aroma a trigo. Desde ese momento en adelante, era cuestión de tres: masa, mattra e mattarel (artesa y rodillo en el dialecto local); esta era la mejor tecnología en madera para transformar ingredientes de primera calidad en una finísima lámina lista para convertirse en tagliatelle, pappardelle o cualquier otro formato de pasta.

Sabias manos enharinadas se deslizaban por el mattarel (rodillo), prensando la masa al ritmo del movimiento cadencioso de brazos y costados. Y, tras atentos controles a contraluz de la masa extendida homogéneamente sobre la artesa de madera, la lámina podía pasar a la fase de corte que, de este modo, originaba finísimas tagliatelle finalmente reconocidas con la marca Columbro.

A día de hoy, todos los ingredientes se tratan y elaboran con el mismo carácter artesano de la mattra e del mattarel, respetando en cada paso la cultura tradicional de Columbro. Tras años de estudio y realización del proyecto junto a los máximos expertos en maquinaria alimentaria, el Pastificio Columbro dispone de tecnologías a medida patentadas para realizar, de la misma forma que antaño, todos los formatos de pasta: una serie de grandes invenciones industriales consagradas a la mejora y la conservación de un elevado estándar de pasta de calidad.

El Pastificio Columbro está orgulloso de tener una maquinaria alimentaria única en el mundo: con una longitud de más de 30 metros para no recalentar la pasta y para simular el proceso artesanal en cada pequeño detalle, esta maquinaria ha sido concebida para repetir todos y cada uno de los gestos de Iris Ghiandoni creando láminas simplemente más grandes.

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